Aun cuando se evidencia una mejoría, las condiciones de trabajo siguen siendo limitadas y poco flexibles, lo que les impide a las mujeres avanzar hacia un balance entre las responsabilidades de la vida profesional y familiar.
¿Qué se necesita en América Latina para cambiar esta realidad? Andrea Proaño identifica dos situaciones, que modificándolas podrían contribuir a mejorar la calidad de vida de las mujeres.
En primer lugar, señala que hay una fuerte disparidad en relación a las responsabilidades de las tareas domésticas no remuneradas, recayendo sobre las mujeres el 80%. Ello conlleva que el tiempo que deben dedicarle a dichas tareas, les resta el necesario para su carrera.
La balanza vuelve a pesar sobre ellas en lo que refiere a los cuidados de niños/as menores de 5 años y personas mayores. Sumado a la inflexibilidad laboral, esta situación representa una incompatibilidad para las mujeres que desean desarrollarse profesionalmente y deben asumir, mayormente solas, estas responsabilidades.
Proaño propone que valdría la pena considerar, al igual que otros países, la reducción de la jornada laboral y flexibilizar los horarios. También, incentivar los cuidados compartidos, a través de licencias remuneradas tanto para madres, como para padres, tras el nacimiento de los/as hijos/as.
Según la autora, se puede lograr por medio de la formulación de políticas públicas y empresariales, que fomenten la flexibilidad laboral y faciliten servicios de cuidado infantil y de personas con dependencia.
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